
“Ese que estoy retratao entre medio de sus piernas (se refiere a la foto) - que tengo ahí 7 u 8 anillos - ése soy yo. Yo he sío acólito y he acompañao al Padre Poveda.

“La Eucaristía era el centro de su vida. La celebraba con temor y reverencia evocando la última Cena y el Calvario. Le impresionaba tan profundamente que sus sentimientos de indignidad personal, como ministro sacerdotal, eran muchas veces visibles.

Hablar de Dios nunca ha sido fácil, aún cuando siempre es necesario. Y hablar en referencia al hombre, es decir, de un Dios que conmueve fundamentos es más arriesgado porque podemos dar la media vuelta como el joven del Evangelio.