De su extraordinario modo de ser y, sobre todo, de su afán evangelizador, dejan amplia constancia las muchísimas cartas que escribió durante los largos veinte años que hubo de gobernar la Institución sin la presencia física del fundador. Varios centenares son cartas generales o dirigidas a grupos de la Institución, y hasta casi 18.000 actualmente catalogadas, a personas particulares. A todo ello hay que sumar cientos de manuscritos de sus conferencias o discursos, y los guiones para exposiciones orales. También, de carácter más íntimo, las decenas de cuadernos con diarios, crónicas o anotaciones. Y las incontables hojas con saludos, encargos, consejos...

"San Pedro Poveda, captando la importancia de la función social de la educación, realizó una importante tarea humanitaria y educativa entre los marginados y carentes de recursos.

"Él no era para nosotras el Fundador, lleno de asuntos y trabajos, a quien se teme robar un tiempo precioso; era un padre, que se interesaba por nuestras cosas como suyas, nos aconsejaba con todo cariño, se desvivía por nuestro bien y sabía prodigar consuelos en la desgracia.

"Le conocí por primera vez con ocasión de la fundación de la F.A.E. Desde entonces traté al P. Poveda muy intimamente. Piadoso, sencillo, humilde, profundo conocedor de los problemas educativos españoles, de gran celo y tacto para ejecutar.