
"Pedro Poveda se insertó en mi vida de forma inevitable, de tal manera que, siendo yo mismo tan ignaciano, descubría en el hombre de Linares, de Guadix y de Madrid, el referente más consumado de ese evangélico "estar en el mundo sin ser del mundo", entendiendo el hecho mundano como comprensivo del egoísmo dominante.

“Sal y luz que siempre se conjugan en las obras de Poveda como armonía de ciencia y fe. Para él aquellas mujeres que se acercaban casi por primera vez a la Universidad, que se abrían originalmente a la Pedagogía y a todas las disciplinas debían cultivar la ciencia.

Cuando asumí la película de Poveda tenía una idea distinta de quien era Pedro Poveda. Sabía que era un personaje complejo, multidimensional, con muchas posibilidades; pero a medida que fui profundizando en la historia y descubriendo al personaje, me di cuenta que me quedaba absolutamente corto en todas mis previsiones.

“Ese que estoy retratao entre medio de sus piernas (se refiere a la foto) - que tengo ahí 7 u 8 anillos - ése soy yo. Yo he sío acólito y he acompañao al Padre Poveda.