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Maria Antonia Navarro

Antigua Alumna de la Academia de Ávila

"Él no era para nosotras el Fundador, lleno de asuntos y trabajos, a quien se teme robar un tiempo precioso; era un padre, que se interesaba por nuestras cosas como suyas, nos aconsejaba con todo cariño, se desvivía por nuestro bien y sabía prodigar consuelos en la desgracia.

En una ocasión en que, terminados mis estudios de bachiller, estaba indecisa sobre lo que debía seguir estudiando, se me ocurrió escribirle pidiendole consejo; la carta (que no se hizo esperar) me indicaba las Universidades en que podía cursar mis estudios, descendiendo hasta lo que pedían, aconsejándome lo que debía hacer".