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Pensamientos breves

Julio de 1936, a modo de apuntes para encuentro con jóvenes

(adaptados para selección)

 

  • Ahora es tiempo de redoblar la oración, de derrochar caridad, de hablar menos, de vivir muy unidos al Señor, de ser muy prudentes, de consolar al prójimo, de alentar, de prodigar misericordia, de vivir pendientes de la Providencia, de tener y dar paz.

  • Nunca como ahora debemos estudiar la vida de los primeros cristianos. ¡Cómo obedecían a la Iglesia, cómo confesaban a Jesucristo, cómo perdonaban, cómo amaban, cómo bendecían al Señor, cómo alentaban a sus hermanos!

  • ¡Cuánto se habla en estos días de persecución, cuánto se comenta, con cuánta ligereza se juzga, qué avidez de noticias, qué curiosidad tan mal reprimida, qué nerviosismo tan poco cristiano, qué manera de sugestionarse, qué de faltas se cometen! Examinémonos y propongamos enmendarnos.

  • Ahora es cuando se conoce el temple de alma que tenemos, cuando se pone de manifiesto nuestro espíritu de fe, cuando se delata nuestra confianza en la Providencia, cuando se distinguen las verdaderas virtudes de las falsas, cuando se revela la firmeza de la doctrina, cuando se aprecia la sólida piedad. Meditemos sobre ello.

  • Hay que demostrar con los hechos que somos discípulos de Jesús, orando por los enemigos y haciéndoles el mayor bien que podamos, que es rezar por ellos.

  • Con jóvenes se hizo esta Obra que vosotras admiráis y amáis, pero jóvenes todas de Dios y que desde el primer momento entendieron bien la misión y pusieron toda su alma en esta empresa.

  • Nuestra confianza ¿se fundó en Dios o en nuestra industria, en nuestras fuerzas, en algo humano? La paz del alma o la tranquilidad del espíritu nos dará la respuesta.

  • Es incalculable el bien que podemos hacer si estamos llenos de Dios, si vivimos pendientes de Él, y si referimos a Él todos nuestros trabajos y toda la gloria que de ellos se origine.

Julio de 1936, a modo de apuntes para encuentro con líderes

(adaptados para selección)

  • La mayor parte de la gente conoce las obras por las personas que las representan y no por su historia, legislación, etc. ¿Habéis sabido con vuestras palabras, con vuestras obras, vuestra conducta, dar idea de lo que representáis?

  • ¿Resolvéis de plano los asuntos, sin meditarlos, sin pedir luz, sin solicitar consejo?, ¿recordáis en todo momento las palabras de Jesucristo cuando dijo que había venido a servir y no a ser servido?

  • No exijáis a los demás lo que no sois capaces de hacer, es un error creer que los demás no se dan cuenta de vuestro modo de proceder.

  • Es más cómodo hacer las cosas que enseñar a hacerlas, pero así no se forma ni se ayuda.

  • Suele ser más exigente con los demás quien no sabe lo que cuesta hacer las cosas porque nunca las hizo y siempre las mandó hacer.

  • Cuando el negocio es propio, ¡qué atención, qué cuidados! ¡Qué poco importa trabajar y sufrir! Pues tened en cuenta que el negocio que traéis entre manos es de Dios y es vuestra misión.

  • La serenidad de juicio en el que manda asegura la mitad del éxito.

  • Uno de los mayores obstáculos para mandar bien es guiarse por los que nos adulan.

  • Casi siempre obtiene un resultado contrario al que se propone, quien cree rodearse de prestigio desprestigiando a los demás.

  • Dios premia la sencillez, la verdad, la humildad, pero rechaza la hipocresía y soberbia en quienes mandan.

  • Dice el refrán: “Dime de lo que presumes y te diré de lo que careces”. Vigilemos para que nuestra conducta no sea el cumplimiento del refrán.

Consejos a las profesoras y alumnas de las primeras Academias de Santa Teresa (Oviedo, 1912).

  • “Vuestro primer cuidado será poner a Dios en los corazones de vuestras alumnas”
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  • “Lo que brilló, brilla y brillará siempre en estas empresas, es la vocación. Dadme una vocación y yo os devolveré una escuela, un método y una pedagogía”.

  • “La bondad, como la luz, es la resultante de todos los matices de bien de que un alma es capaz”.

  • “A Jesús le decían ‘Maestro bueno’, ¡Si vosotras llegaréis a imitarlo y os dijeran, con razón, ‘maestras buenas’!”.

  • “La alegría de que hablamos es la nacida de la paz interior, es fruto de la santidad, testimonio de la buena conciencia, reflejo de la tranquilidad del alma”.

  • “La alegría hace breve el tiempo y llevaderos los estudios y la disciplina, y fácil la vida, y amables las personas y simpática y atractiva la virtud, y en suma convierte en cielo la tierra”.

  • “Debéis comenzar haciendo. De nuestro divino Salvador dice la Sagrada Escritura que ‘comenzó a hacer y a enseñar’; pero primero hizo y después enseñó”.

  • “Es bien sencillo y a nada compromete, el proponer, proyectar, idear grandes cosas; pero es muy costoso llevar a buen término cualquier proyecto por pequeño e insignificante que sea”

  • “Estudiad mucho la vida de los grandes pedagogos, de los que se sacrificaron por el bien, la educación y cultura de la humanidad, y quedaréis convencidas de que haciendo es como se progresa y como se dispensa el bien, pero no perorando a todas horas”.

  • “Pensad mucho, hablad lo necesario; trabajad cuanto se pueda, y pensad, hablad y trabajad por Dios y para su gloria”.

  • “No está el mérito en la casa, ni en el menaje, ni en otras cosas; el mérito está en vosotras, en vuestro trabajo, en la enseñanza, en el buen ejemplo, en la puntualidad, esmero, vocación, amor, etcétera, con que os consagréis a la enseñanza. Los grandes pedagogos no necesitaron más que discípulos”.

  • “El ejemplo vuestro será la asignatura que mejor aprenderán las alumnas”.